(Proceso creativo y significado de mi obra por comisión)
Esta obra nació de mi necesidad de explorar una idea que me ha acompañado desde hace años: la transformación constante. La pinté entre marzo y junio de 2025, como un encargo muy especial, pero también como un viaje personal. Quise construir una narrativa visual que hablara del tránsito humano entre la luz y la sombra, de los ciclos que inevitablemente vivimos, de lo que se rompe y vuelve a nacer.
La pieza completa se titula Del Día a la Noche, y está compuesta por 19 cuadros al óleo, más un epílogo. Cada fragmento forma parte de un flujo simbólico inspirado en la cosmovisión de la toltequidad, especialmente en la figura de Quetzalcóatl —serpiente y viento, caída y ascenso, humo y luz.
“Así como la serpiente asciende para envolver al Quinto Sol y luego desciende envuelta en humo, también nosotros vivimos en ciclos inevitables de creación y disolución.”
🌑 Etapa 1 — La Luna: el inicio y la sombra
Comencé el ciclo en la noche.
La luna aparece emergiendo desde el inframundo, observándose en un espejo oscuro de obsidiana —un guiño directo a Tezcatlipoca, “el Espejo Humeante”. En esta primera etapa nada ha ocurrido aún: hay silencio, tensión y expectativa.
Es un umbral donde lo que está a punto de romperse todavía guarda su forma.
Esta atmósfera se refleja en tonos fríos, azules profundos y triángulos que sugieren montañas, portales o fragmentos sólidos suspendidos.
🌫 Etapa 2 — El Inframundo: materia, humo y memoria
El segundo momento desciende a la tierra y a la oscuridad.
Allí pinté capas geológicas en movimiento, humo y fracturas simbólicas. Fragmentos de obsidiana flotan como restos de ciclos anteriores, como recuerdos y ecos de otras identidades. Entre ellos aparecen esferas: soles pasados, lunas, dioses, posibilidades.
Aquí también se insinuó por primera vez la serpiente —Quetzalcóatl— iniciando su ascenso desde las profundidades. Es la energía antes del nacimiento
🌍 Etapa 3 — La Tierra: origen y semilla
En el centro coloqué el territorio más fértil: la tierra como umbral.
Aquí pinté una semilla, símbolo del potencial eterno de creación, de la gestación de una esencia nueva. Alrededor de ella, los colores del amanecer y del atardecer se entrelazan, marcando un tiempo circular.
Esta sección conecta la noche con el día, el inframundo con el cielo, la espera con el ascenso.
☀️ Etapa 4 — El Sol: ascenso y máxima expresión
En el cuarto momento, la serpiente se convierte en serpiente emplumada.
Las plumas cambian de rosa a verde, manifestando vida.
La serpiente cruza el cielo y rodea los distintos soles anteriores, cada uno con su carácter y energía, hasta llegar al Quinto Sol, el más brillante —el presente, el cenit.
Este fue para mí el punto de mayor claridad, expansión y plenitud del proyecto. Un vértice donde toda la energía asciende y se expresa antes de transformarse nuevamente.
🌒 Etapa 5 — El Ocaso: retorno y renacimiento
Tras alcanzar la cúspide, el ciclo cierra.
Las plumas se encienden, el cielo se contrae, y la luz se disuelve en humo. Volvemos a la geometría inicial: obsidiana, luna, espejo, sombra.
Este retorno no es derrota, sino continuidad: toda luz muere para renacer, y todo conocimiento llega a un nuevo comienzo.
🔁 Un ciclo eterno
La obra completa es circular.
No tiene principio ni final: solo transformaciones.
Transita desde la noche hacia el sol, y desde el sol hacia la noche. Como la vida. Como el pensamiento. Como cada proceso creativo.
🎨 Proceso material
Toda la serie fue pintada al óleo sobre madera, con pincelada matéricas y una paleta limitada.
El conjunto está formado por:
- 2 cuadros grandes de 140×90 cm (Luna y Sol)
- 1 cuadro panorámico de 190×40 cm (Tierra)
- 1 pieza vertical de 40×90 cm (Inframundo)
- 14 cuadros de 40×40 cm
- 1 cuadro de 40×30 cm
- 1 epílogo visual final (140×40 cm)
Todo fue pintado a mano, sin reproducciones. Cada pieza está ligada a mi visión simbólica y espiritual.
💭 Lo que aprendí pintándola
Este proyecto fue un reto técnico y emocional, pero también una confirmación:
pintar es movimiento, aprendizaje y transformación.
En cada etapa sentí que algo mío cambiaba: la forma de ver la luz, la relación con el símbolo, el peso del color, y sobre todo, la certeza de que la vida es tránsito entre opuestos.
Igual que Quetzalcóatl:
- subimos,
- ardemos,
- nos fragmentamos,
- y volvemos a ser semilla.
Ese ciclo está en cada pincelada.
✍️ Epílogo
Cada cuadro es una parte del otro. Así como nosotros somos suma de lo que fuimos y lo que seremos, esta obra es un espejo de ciclos internos.
Si algo me dejó esta experiencia, fue la idea de que no somos la luz ni la sombra, sino el movimiento entre ambas.